Ítaca

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca

debes rogar que el viaje sea largo,

lleno de peripecias, lleno de experiencias.

 

No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,

ni la cólera del airado Poseidón.

Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta

si tu pensamiento es elevado, si una exquisita

emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.

Los lestrigones y los cíclopes

y el feroz Poseidón no podrán encontrarte

si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,

si tu alma no los conjura ante ti.

 

Debes rogar que el viaje sea largo,

que sean muchos los días de verano;

que te vean arribar con gozo, alegremente,

a puertos que tú antes ignorabas.

Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,

y comprar unas bellas mercancías.

Acude a muchas ciudades de Egipto

para aprender, y aprender de quienes saben.

 

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:

llegar allí, he aquí tu destino.

 

Mas no hagas con prisas tu camino;

mejor será que dure muchos años,

y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,

rico de cuanto habrás ganado en el camino.

 

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:

Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.

Sin ella, jamás habrías partido;

mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

 

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.

Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,

sin duda sabrás ya qué significa Ítaca.

 

 

KONSTANTINOS KAVAFIS (1863 – 1933)

1 comentario

  1. Sarah dijo:

    Febrero 23, 2007 a 6:30 am

    Este hermoso poema lo leí por primera vez en la novela El Zahir de Coello. Se encuentra exactamente antes de la dedicatoria del libro. Algún blogleyente me hizo recordar el poema en una de mis entradas de mi “pivotal blog” y decidí marcarlo como uno de mis paralelos secantes.

    Este poema tiene mucho simbolismo, muchas verdades. Comparto completamente cada una de sus líneas.

    Lo dejo aquí por si el libro viajero de donde lo obtuve se pierde de mano en mano, como suele ocurrir con los libros que me enriquecen en este camino.


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